23/9/08

SOBRE LA IMPORTANCIA DE LAS COSAS






¿Tengo que escribir algo sobre el cambio de estación, sobre la ausencia de flores sobre los jardines alfombrados de mi casa, sobre la muerte de los sonidos desde que supe que encontraste quien te bese los pies, del calentamiento global, de las alergias cuando llega la primavera, del paro de trenes, del calor que me pobló el pecho en la escena de anoche?


¿Posee alguna trascendencia tu corte de pelo leonino en mis sueños de anoche, los pequeños desafíos matutinos de tomar el café sentada, las migas en el colchón después de la cena, la falta de besos que se prolonga en mi cuello, el miedo a que el tiempo pase sin encontrar a alguien que obstaculice la jurisprudencia de mi libertad, lo mucho que amé, mis contradicciones a la hora de dormir y de la falta de proteinas en mis desayunos?


¿Hace falta que mencione el brillo de mis ojos, las menudencias de mi voz cuando le digo mis carencias, la confianza como una palabra hueca en el lexico de las emociones, las caidas desde precipicios montados sobre la arena, mis mecanismos de defensas tiritando, la sensación de mi campera verde encarnandose en mi espalda, los fracasos a cada momento esperando para atacarme?


¿Es necesario que escriba que estoy a punto del desmayo porque ya no logro contener el deseo, que mientras el se regocija en la cuesta de la alegría yo me desmorono? ¿que mirarlo me duele porque todo indica que jamás va a abrazarme? ¿que si tuviera diecisiete años sería rosa mirandolo tan tontamente, pero con once más todos los metros cuadrados se me tiñeron de gris?


¿Debería hacer un alegato del escándalo de las valijas de Wilson, de la crisis en Bolivia, de los pibes que no tienen ni para comer, de los millones que facturo para que otros se enriquezcan cada día, de las horas de sueño que compraría si las horas pudieran comprarse, de lo imposible que resulta ir al supermercados sin verse reencarnada en una vieja de setenta años que se escandaliza por el precio del calabacín, del efecto Jazz o de lo absurda que resulta la edad a la hora de enamorarse?

18/9/08

ESC

Dejó las hojas a un costado, levantó la vista casi imperceptiblemente, la detuvo en la suya durante el tiempo que se tomó para decir la frase y se la escupió: - ¿Enferma? para mí estás cada día más linda.

Ella, le devolvío un reflejo automático producto de la vergüenza que le ocasionaban esas palabras, un movimiento veloz y decidido de todo el tronco en dirección al monitor de la pc al tiempo que balbuceaba un gracias apretado.

Lo dijo como quien retribuye un cumplido sin la menor preocupación por el efecto, sin reverencia alguna.

Acababa de presionar Ctrol Alt Supr con las pestañas pastosas de lagañas pero con la satisfacción ancha como el Rio Uruguay, al saberlo detrás de una tabla de chapadur.
La dicha esperando a ser revelada, como aguardaban los sellitos de colores de los chicles al agua a ser plasmados en sus muñecas de pequeña.

Faringitis virósica

Tenía la cara roja y los labios secos como la piel de un sapo.

-Tengo placas, le dictaminó a su hermana apenas cruzó el umbral de la habitación con el bajalenguas en la mano.

La facilidad con que alguien de su familia que había optado por esa profesión desestimaba los desequilibrios de su salud, se revelaba impasible una vez más.

Hacía cinco días que pretendía evadir el bulto y continuar con su vida como si nada, tratando al cuerpo como se trata a un carrito de supermercados, cargandolo de cosas materiales y superfluas, cubriendolo de polvo, como si fuera un medio para alcanzar satisfacciones a corto plazo sin la mínima conciencia de sus limitaciones, como si esas dos pelotas infladas por debajo de las orejas fueran meros accesorios similares a los aros.

La voz se le venía como por un tunel lejano y oscuro. Sonidos ambiguos emanados de baldes rebalsados de agua se le filtraban por las cuerdas vocales. Cada vez que quería decir bueno, claro o tenes razón todo su aparato fonador se empeñaba en decir attchhheeeeesss, al tiempo que sus brazos y ojos se unían mancomunadamente hacia el objetivo de alcanzar un pañuelito elite.

Llegó al extremo de proponerse el ahorro de saliva. Contenía grandes cantidades de ese líqudio viscoso y las almacenaba en la parte superior, pegado al paladar, proque tragarla se le presentaba más humillante que servir café todo un día completo a todos los gerentes de todas las multinacionales juntas.

Esto debe ser el infierno, y mi garganta, la del diablo. Pensaba para sí. La cabeza le daba giros cortos como los que daba la bailarina de la cajita musical que le habían regalado para sus quince.

Ibuprofeno. Necesito Ibuprrrroggenio. Y miel. Toda la miel que gulitó el osito Yogui la quiero a kilos deslizandose por mi garganta hasta convertirla en un panal de abejas. Se decía.

Cada bizcochito nueve de oro que osaba de traspasar esa frontera adquiría el caracter de ilegal o se sometía al trato despiadado de soldaditos armados de pies a cabeza a la espera para aplicarles las más tortuosas prácticas.

¿La pantalla del televisor está encendida o apagada?. ¿Qué son esas sombras chinas?. Puntitos de colores se acercan y se alejan, rayas, nubes, diagramas, espirales cruzan de un extremo al otro de la caja rectangular y fuera de ella, por todo el aire, se desparramaban.

Su cabeza expulsa los ultimos restos de criterio. El mundo no va a parar porque vos pares. Se autoconvencía.

Empezó a transpirar congojas, cansancios, querencias, libertades, insatisfacciones.

Apretó la almohada contra su pelo enmarañado. Dio vuelta su cuerpo hacia abajo. Lo maldijo. El estaba vengandose de ella con su descargo. Se estaba quitando el velo para mostrarle su superioridad.

Hoy, la que pedía permiso para bajarse del mundo, era ella.

11/9/08

La impunidad de las palabras

No conozco otro espacio que sea más injusto que el mundo.


Córdoba ardía en llamas y dando alaridos no se salvó de la miseria de los poderosos.


La ciudad que más amo tuvo su cita en el infierno y diez años pesa más que todas las palabras de todos los poetas.


Y yo escribo para escaparme.


Dejar de escribir, no está dentro de mis posibilidades.


(TE) Escribo cartas saturadas de palabras que chorrean gotas por todos los costados.


Palabras que se retuercen, que imploran.


Pa la bras urgentes, que son mentiras rebozantes como nubes.


(LAS) Escribo.


A los manotazos.


Durmiendo.


Parada.


En el subte.


En el colectivo.


Mientras no me ves.


Mientras pienso.


Mientras dos hacen el amor.


Las exhalo como exhalaba conejos la señorita de Paris.


Mientras escribía me robaron el celular


y
no
me
percaté.



Cinco días sin
saber (TE)



Des encontrandome


Escribía mientras tocaba Virus y vos bailabas al lado de mi aura.


Mientras estudiabas mi expresión al fumar un cigarrillo,
y yo decía que iba a irme temprano.



Me metí en un tremendo brete con las palabras.


Me diagnosticaron mal de palabras.



Sobre su regazo se disputan mis ganas y mis cansancios.


Escribo mientras soy una madre en una obra de teatro.


Toco la armónica y en vez de aire soplan palabras.


Escribo con los arcos de mis pies,
que son raíces móviles pero ancladas en la tierra.



Mientras me muevo y me río.


Porque no hallo calma escribo.


Escribo mientras vos tenés el tupé de poner esa foto en el messenger.


Las palabras son musas inoportunas,


grietas de deseos insatisfechos,



me desafían,



voluptuosas,



efímeras,


farolas fluorescentes en jardines japoneses,


savia que hierve navegando por los tallos.


Escribo todas las palabras de los libros que no he leido.


Escribo las TE.


Y el mundo rebosa de injusticia,
mientras se las quito...

8/9/08

De otro



Dos manos al bolsillo

¿Será verdad que las brujas se comen a los chicos, que si me porto mal no voy a ir al cielo y los ratones me van a comer los pies?
Mirá que yo no estoy contento, que en la juntura de la sangre tengo una espina y aún hay que salir de esta ceguera
romper le aire con los besos y empezar otra vez.
Dame tu mano, tengo una flor rota, dos ojos sin descanso
dos manos al bolsillo y empezar otra vez.
Mirá que yo no estoy contento.
Y creo algunas cosas
que habría que acostarse con un muñeco al lado
y no decir mentiras porque me puede salir una joroba.
Pero decime, si tengo el corazón doblado un poco, ¿vos me vas a querer igual?


Roberto Santoro



29/8/08

INTERNO 522




Embocar el saco en la punta del perchero. Presionar el botón del encendido de la computadora. Sacar los anteojos del estuche. Desplegar las patitas hacia los dos extremos. Dejarlos descansar entre mis orejas. Detenerme doce segundos en su cabellera despeinada que llegó. Esperar su beso. Sin que se note. Contener mi corazón que brinca. Pispear de vez en cuando el sol con la forma de un cuadrado. Obsequiarle a mi nariz el aroma de la lana de sus pulóveres. Dar diez pasos hacia la cocina. Presionar la manija hacia abajo y hacia arriba. Estirar las piernas para alcanzar la tasa en lo alto de la alacena. Los muebles nuevos que relucen. Extender el brazo para abrir el cajón de la mesada. Poner el saquito de café adentro de la tasa. Presionar la canillita del container de agua. Mirar el humo que emana de mi tasa. Una cucharada de azúcar blanca que comienza a perder su identidad adquiriendo un color marrón. Girar hacia los lados sobre las ruedas que sostienen mi silla. Ctrol Alt Supr. Mi contraseña. Las máquinas piden letras y números iguales cada mañana. Click Clik. El mouse. Me estremezco con sus alaridos cantando Selfish Jean. En medio de todos los sonidos que hacen al mundo más tolerable ese ocupa un mayúsculo lugar. En la lista de los que hacen que aborrezca este exhalar de mi garganta, el piririri piririri del teléfono se lleva el primer puesto. Debería existir un mecanismo eficaz para silenciar ese artefacto y extinguir ese sonido para siempre. Pienso en los más comunes y eficaces. Pienso que tan hostiles serían las consecuencias que se acto tendría. Nada de lo que tiene esa voz para decirme del otro lado del tubo me preocupa. Todo lo que tenga él para decirme en cambio, me conmueve. Me enternece, por ejemplo, que use los nudillos de los dedos para discriminar los meses de treinta y treinta y un días, que diga que es disléxico solo para leer números, sus ojos de perrito que perdió a su amo alzandose por detrás del box para contestar a mis mecánicas demandas. Me rindo ante las suyas. Su paciencia abominable. La mia siempre a punto de estrellarse contra la computadora. La tensión en mis dientes achicharrandome el estómago cuando el 456 brilla en verde en mi pantallita. El crujir de las hojas. Los líquidos de café resbalándose de las tasas. La alfombra que se arruina. Los guiños de mi torpeza, resultado de mis eternas abstracciones. La locura de creer que la vida puede desmoronarse sobre la textura de una alfombra que cuesta miles de dólares. La gente que insiste en hablar con un migo que no soy yo. Los aurículos de mi nariz que se emborrachan con el olor de su elixir. Mi preocupación por su presencia volviendose mi prioridad entre todas las miles prioridades de una jornada de trabajo. Los mails. Las gracias. Los atentamente. Las disculpas. Los buenos días que son malos cuando él se afeita. La satisfacción de mi risa jactandose de mis ocurrencias. La urgencia de todos. La mia por disputarle la asignación de un sitio en su lista de posibilidades escasamente probables. Los días corrientes. El dinero que se revuelca en el asco de mi estómago. Las determinaciones que jamás tomaría en su nombre. Los años suyos molestandome. El barrio allá afuera. Delicioso febo. El letargo adentro. Los caprichos sin sentido de los poderosos. Yo sonrojandome ante sus halagos infantiles, previsibles frases de ocasión en bloque. "Te queda muy bien ese pulover verde". "¿Te cortaste el pelo?". Otra vez el chirrido del fax interrumpiendo los cantos del silencio. La impresora que se atasca tan de prisa como mis llantos. Las máquinas que el hombre construye para sentirse a salvo. La desdicha anticipada de intuir que jamás va a fantasear con mis besos. Las parades de madera que me detienen su abrazo y la luz chamuscandolo todo. Y yo entre las teclas, regodeandome en mis minúsculos fracasos por conquistar su atención, con mi ejército de cabos sueltos, con los números desvalijando mi creatividad, con una inexistente capacidad de disimulo que igual insisto en hacer visible, con la fábula de mis delirios quijotescos. Yo con los fastidios, los deseos en combustión, el esqueleto dando saltos, las rebeldías enquistadas, todo mi conjunto de fundamentos, un caudal de teorías acurrucado por ocho horas, con las muecas esperando en los bolsillos, con todo mi yo esperando siempre por atropellar el mundo.



27/8/08

Arte para liberarte


Buenos Aires. Agosto y Septiembre 2008. Festival de la Luz.
Es un pecado perdertelo.
Ya lo dijo Marcel Duchamp: "Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros".


22/8/08

It's true

1. El olor del brócoli hirviendose al vapor se asemeja al olor de una flatulencia.
2. Compartir el baño con tu pareja es la evidencia más concreta de que ya son amigos y esa relación está en la cuerda floja.
3. Las cajas que no se vacían despues de los primeros 3 meses de una mudanza, nunca serán vaciadas. (Copyright del blogger Thotila).
4. Si un libro no te atrapó en la primera hoja, no te atrapará jamás. Mejor desistir a tiempo.
5. Querer saberlo todo de él (sobre todo su pasado amoroso), terminará por arruinar tu relación con él.
6. Apenas descubras que tienes un agujerito en el bolsillo de tu campera, no podrás dejar de tocarlo.
7. Cuando vas a un baño público y te dan ganas de dejar salir uno de esos fuera del espacio que se remite a tu organismo, nada mejor que toser o tirar la cadena para que no se oiga el ruidito. Si estás en la calle, esperá a que pase el colectivo.
8. El café en el sillón después de una cita, es el preludio de una noche de sexo.
9. Si querés conocer los hábitos de una persona, nada mejor que pispear el estado de su heladera o en defecto el de su placard.
10. La gran mayoría de las parejas se llevan bien conviviendo porque solo se ven tres horas por día.
11. Si ves una casa abandonada que se viene abajo y la están reciclando, pronto se va a inaugurar un centro cultural.
12. Por más que hagas caso a las indicaciones del paquete, el arroz que hiervas siempre va a sobrar.
13. La fiesta a la que no fuiste por ir al cumpleaños de un amigo al que no le podías fallar, estuvo de puta madre, el cumpleaños fue un bodrio y tu amigo ni se percató de que estabas ahí.
14. Una cosa es ser sucio, otra muy distinta es ser desaliñeado.
15. El día que decidiste deshacerte del boleto de colectivo o tren, de algun bendito lugar surgirá una autoridad competente que te lo pedirá. Lo mismo sucede con el número de celular de él, no basta con que determines que ya es momento de eliminarlo, para que te llame.
16. Una vez que optas por ir al baño mientras tomas cerveza, después no vas a poder dejar de ir.
¿Cuál es tu máxima?

20/8/08

Un poco de sentido común

Yo me pregunto: ¿Qué tipo de criterio utiliza el kiosquero de la estación Carlos Pellegrini, para exhibir el recetario de la hermana Bernarda, entre una revista cuyo título (explícito y elocuente si los hay) es Orgía de travestis y entre el Código Procesal Penal?

15/8/08

sur




Es utópico creer que antes uno llegaba a Barracas por el olor a chocolate, de la fábrica Aguila, y a galletitas, de Bagley. Que sobre la avenida Patricios funcionaba la fábrica Alpargatas. Que en el Riachuelo había una playita donde los chicos se bañaban.
Las barracas comenzaron a construirse a principios del siglo XVIII, sobre la vera del Riachuelo. Según cuenta Horacio Puccia en su libro "Barracas en la Historia y en la Tradición", en algunos planos de Buenos Aires, del siglo XVIII, una lonja de terreno ubicada entre el Parque Lezama y la parte del Riachuelo correspondiente a la Vuelta de Rocha, figuraba con la siguiente inscripción "Las barracas y tierras de doña María Burzaco". Esas barracas "eran construcciones precarias para almacenar cueros y otros productos del país que debían embarcarse en el Riachuelo, o recibir las mercaderías que llegaban del exterior". Al principio fue el barrio elegido por las familias más ricas de la Argentina, que habitaban en lujosas casonas y quintas. Las familias de apellido Balcarce, Montes de Oca, Alzaga, entre otros eran sus moradores. Pero la epidemia de la fiebre amarilla, los obligó a huir a otros lugares transformando el paisaje drásticamente. Poco a poco, se pobló de inmigrantes de todo tipo, especialmente de italianos y se convirtió en un barrio popular de gente trabajadora. Se llenó de cafetines de mala reputación. Sin embargo era un barrio próspero, con fábricas, mercados, autopista. Después de la mitad de este siglo, Barracas empieza a perder su furor; sus fábricas se cierran, se inhabilita su estación de trenes, y la construcción de la autopista hace desaparecer muchos edificios y dos plazas.
La primera vez que pisé el adoquín de Barracas no pude evitar que hicieran estragos las reminiscencias de Sur y la Nube, las películas de Pino Solanas. Las había vuelto a ver otra vez cuando hice mi tesis de grado y fue ahí cuando tuve que admitir mi extraña predilección por la nostalgia y los aderezos que devienen de ese sentimiento. Me atraía la tela bohemia con la que Solanas envolvía sus imágenes, saturada de colores lavados y la música que elegía para dotarlas de un aura especial. Mi vida, desde temprano se empecinaba en ser un tango. Cuando era chica, practicaba las maneras de los llantos en el espejo y encarnaba escenas dramáticas donde era la incomprendida. A los doce, ya me sabía toda la historia del rock nacional, compraba cassettes originales de Serú Giran y Sui Generis y entonaba a la perfección las canciones de Silvina Garré. Todas las estrofas me hablaban de mí. Tenía la costumbre de llenar cuadernos repletos de versos tristes que escribía por las noches y devoraba libros de psicología y autoayuda. La primera vez que fui al psicólogo tenía trece, me habían cambiado de colegio y los llantos se habían trasladado al terreno de lo real con una impunidad preocupante. Era una princesa que se había extraviado en el camino de vuelta hacia los juegos y su castillo se desmoronaba piedrita a piedrita, como en el epílogo de un cuento de Poldy Bird. No recuerdo que algo haya cambiado a partir de las charlas con esa terapeuta que me veía dibujar la mayor parte del tiempo, si sé que desde ahí no paré de indagarme hasta reconciliarme con mis estados nostalgiosos.
Ahora mis días son primeros planos en blanco y negro de construcciones añejas que alguna vez fueron fábricas. De una arboleda generosa en una plaza. De un cielo al descubierto. De vecinas sentadas, tomando mate en las veredas. De un barrio que está al sur. De un sur que siempre estuvo adentro de mí.

8/8/08

Sobre ruedas

En pocos días dejaré atrás mis viajes en el 12 por otros más ajetreados que incluirán la tortuosa combinación: tren-subte. Viajé dos veces por día en colectivo, lo cual multiplicado por cinco días de la semana, durante poco más de un mes, da un total de muchos días que no tengo ganas de contar. En esa cantidad numérica de oportunidades me ví obligada a acatar una ley que no cabía dentro de mis opciones quebrantar. La ley del transporte público. Por cuestiones que aborrezco, a veces se me regala el privilegio de ir sentada, con la mirada perdida en construcciones altas, cielos sucios, paredes con graffitis y publicidades, arboles escasos, fragmentos de vidas de gente que se mueve, todo el tiempo y a toda hora se mueve. Otras, la mirada se pone atenta y esa misma urbe me interpela con descaro. Entonces tomo partido, opino, me enojo, me río, me estremezco.
Cuando escucho a la Vernaci en Tarde Negra se me descosen los botones de la risa. De reojo alcanzo a percibir en las miradas de la gente un dejo de envidia. Los huesos angostos de mis costillas se pegan como una baba sobre la fina película que cubre mi diafragma. Mis cuerdas vocales emiten ruiditos en los que por sobre todas las letras predominan las jotas babosas de Patán.
I
En el asiento de atrás van un papá joven y su nena de unos ocho años. El papá le dice a la nena: -Ahora cuando lleguemos a casa voy a poner a Pappo a todo lo que de, a vos te gusta Pappo, no? seeee, te vas a morir cuando lo escuches tocar la viola, así así así, al palo, rock and roll a morir... ¿Tenés hambre?, ¿Qué querés comer?. La nena se queda callada.
II
Hace unos días en una reunión alguien mencionaba que después de un tiempo había vuelto a "tomar colectivos", quiero pensar que no los tomaba literalmente como se toma un gin o como se toma al novio de la mano, sino meterse adentro de uno de ellos y emprender la odisea de dejarse transportar en esa cosa que te hace mover como un mosquito adentro de un frasco. Lo cierto es que esta persona decía que había perdido ciertos códigos, como ser, al principio cuando quería circular pedía permiso, pero como nadie se movía, empezó a usar la estrategia de los codazos y los empujones y así consiguió buenos resultados. A mí lo que me sigue sorprendiendo de los colectivos en Buenos Aires es que paren en cualquier lado menos en la parada como corresponde. Semáforo en rojo suficiente para clavar los frenos y estampillarte contra el caño más próximo. Apretás el timbre y te bajás. Las colas interminables para depositar moneditas en la maquinola son insufribles. Y más aun el tonito socarrón del chofer solicitando: - Un pasito más, un pasito más así entramos toooooodos...
III
Constitución es un territorio temible, pero de una fauna exquisita. Por alguna extraña razón, cuando arribo a la estación, la radio extravía el dial que elegí y un pastor comienza a propagar sus verdades universales a los gritos. De noche, este lugar me hace acordar a El Rodeo, aquella escenografía que creó Almodovar en la película Todo sobre mi madre. Putas por docquier. Un submundo donde las leyes que priman son las de la violencia sistematizada. Situaciones que todos los que vamos del otro lado de la ventanilla observamos con cierta resignación y desdén. Es obvio que desde abajo del 12, echar mano a mi ojito observador con fines estrictamente sociológicos para con el objeto de estudio en cuestión sería una acción impedida por el pavor.
Voy sentada del lado de la ventanilla. La puerta ya se cerró y la gente que quería ingresar ya lo hizo, cuando un mocoso de unos trece años mete el brazo, logrando que el colectivero vuelva a abrirla. El movimiento es ligero y preciso y se dirige al bolso de mi compañera de asiento. Ella reacciona rapidamente, el colectivero también. El chico saca el brazo vacío. Moraleja: Nunca te sientes en el extremo derecho, del lado de la vereda. Sino es por la ventanilla, por la puerta, alguien tiene en sus planes quedarse con tus pertenencias.
IV
Es viernes. Después de patear avenidas enteras haciendo trámites incordiosos, tomo el colectivo casi a la hora del mediodía. Es extraño viajar a esta hora. No voy sola, llevo un paquete de galletitas sobre la falda, mi desayuno viene conmigo. Intento abrir el paquete con suavidad, discretamente, pero me es imposible. Entonces le doy con ganas a los extremos plegados de la bolsita y pum!. Bizcochos saltan desaforados por fuera de la bolsa y se disipan por todo el colectivo, huyen como hormigas, rodando, con prisa y desdén. Me avergüenzo. Trato de acaparar algunas con las manos. Miro hacia atrás, encuentro la mirada de un hombre que me devuelve un gesto de compasión. Qué suerte que hay poca gente, pienso. Y sin más, me dedico a la angustiosa tarea de poner rodillas al piso y culo para arriba, a recoger bizcochitos. Alcanzo a divisar mi hambre y aprovecho para guardarmelo en el bolsillo.

5/8/08

1/8/08

Cinco cuadras por un sueño


Vivir en la espacio terrestre donde pulula la gente famosa, es divertido. Salirse de los dilemas cotidianos ajenos y de las tragedias propias por la puerta de la frivolidad puede convertirse en una buena terapia. El otro día me crucé a Luis Majul en el Barrio Chino y me dieron ganas de preguntarle si era feliz, a Laura Oliva casi me la llevo puesta a la salida del Paseo de la Plaza, y Raúl Portal, personaje detestable si los hay, por sus ideas fascistas, hace un tiempo me dijo hola. Sin embargo, ninguno de esos episodios modificaron de manera sustancial mi rutina como éste. Es de público conocimiento mi rara "admiración" por cierto personaje del periodismo llamado Martín Caparrós. No solo que me leí toditos sus libros, y sostengo que es uno de los mejores cronistas de nuestro tiempo argentino sino que a mí ese tipo me gusta y mucho. Hace unos días me pasó algo que lo grafica fehacientemente. Iba muy tranquilamente caminando por la calle Corrientes cuando una calvicie perfecta y redonda se interpuso entre el semáforo y mis ojos. Yo dije: -No puede ser. ¡Es el!!. Tenía que doblar en la próxima esquina, pero no me importó. Emprendí mi viaje detrás del viaje de Caparrós. En la vereda varios peatones se cruzaron tratando de impedir que lograra mi objetivo de alcanzarlo, pero yo seguía a paso firme y ligero al periodista. Lo seguí cinco cuadras. Juro que el corazón se me quería salir del pecho de un salto. Mi cabeza solo practicaba los vocablos que iba a emitir cuando por fin lo alcanzara. ¿Qué iba a hacer?. Ante todo pararme frente a él impidiéndole el paso, ¿y después?. ¿Existe algo más ridículo que la práctica del autógrafo?. Ya practicamente estaba corriendo a la par del tal Martín cuando sucedió la tragedia. El desvanecimiento de una ilusión que me había demorado de mi destino unas cinco cuadras, unos cuatro minutos de mi vida. La pelada giró media vuelta a la izquierda para mirar la numeración de una calle. En su campo visual entré yo, y en el mío entro él, y ahí fue cuando sucedió. Yo ya estaba preparada para asistir a uno de los eventos fortuitos más disparatados y geniales de mi vida, era la excepción que tiraba por la borda la regla, esa cosa del fanatismo absurdo que nunca comprendí por la gente que circula por los medios (en este caso, la palabra "farándula" no condice), los autógrafos y toda la paparruchada, se puso sin más en una lista de espera. Fue fácil darme cuenta. No había bigotes en el rostro de este sujeto, puesto que no era precisamente Martín Caparrós sino un simple ciudadano más de esta tumultuosa ciudad cosmopolita.

27/7/08

Hombres, abstenerse...




Sra/Srita Editora de Cosmovomitan:
De mi mayorsísima consideración:


Tengo algo que me urge vomitarle. Seguramente a usted mucho no le va a interesar pero como vivimos en una sociedad democrática, existe libertad de expresión y tengo un blog donde hago lo que se me canta, se lo comunico y listo. Yo no entro dentro del target al cual va destinada su revistita de morondanga. A saber: jamás usaría esas botas color rosa chicle taco aguja que son última moda en Taiwan, con esa blusa de satén amarilla con lunares negros y el pelo platinado con cuatro kilos de tintura de doscientos pesos. Que le quede bien clarito, yo no uso tacos. Aquí voy a establecer una salvedad, me da gusto ver a una mujer contornearse encima de ellos y pienso que es una actitud bastante cojonuda salir a las siete de la matina a la calle a pelearse con las calles bacheadas de Buenos Aires, las veredas con forma de nubes y agarrada del caño del subte y no precisamente para alcanzar algún tipo de sueño, pero a mí no me enganchan ni loca. Nunca tendría en cuenta sus diez trucos infalibles para volver loco a un hombre en la cama ni me pondría esas mezclas aceitosas con olor a espárrago en el cutis aunque me juraran que me va a quedar como el de Juliette Binoche. Me niego rotundamente a pronunciar esas frases enlatadas para asegurarme una segunda cita con el hombre de mis sueños, que se nota a millas de distancia, son blasfemias más gigantes que un elefante africano y menos aún a adoptar esas ridículas poses en una entrevista de trabajo para cautivar al jefe de recursos humanos y asegurarme cualquier puesto que termine en ing en una multinacional. Descreo absolutamente de sus recetas mágicas antiestress, para eliminar toxinas y ni hablar de sus recomendaciones de psicología barata para saber que está pensando él durante el sexo o cuando está idiotizado mirando la delantera de una amiga. Nisiquiera después de haberme bebido una bañadera entera de ginebra, al mejor estilo Luca Prodan, sería capaz de balbucear alguna de sus estúpidas mentiras con cara de poker a mi amiga cuando no me gusta el sombrero que se compró o el tapiz nuevo que colgó en la pared del living. Nunca leí algo tan poco creible como los test de personalidad que da a conocer en su publicación para detectar psicópatas y homosexuales. Entienda señora editora, es una tremenda estupidez dilucidar la personalidad del sujeto en cuestión viendo como toma el volante del auto o a través de la manera en que ata los cordones de sus zapatillas. Sépalo, el estado de la cabellera y la forma de vestirse no lo dice todo de las personas. He conocido seres mentalmente desequilibrados que eran de lo más pulcros y prolijitos, adorables con los niños y simpáticos con las suegras y cuando menos te lo esperabas, paf! se brotaban. Me tienen sin cuidado sus recomendaciones de productos diet porque para mí, y esto reconozco que muchas veces me deja afuera del género femenino, cuanto más azúcar mejor para el funcionamiento pleno de mis neuronas. La unica vez que pisé un gym fue en el año 98, cuando al irme a estudiar a la gran ciudad, el cambio de etapa me propició una mala jugada hormonal. Para decirlo sin vueltas, estaba hecha un cerdo, no obstante me llevó poco tiempo darme cuenta de que pagaba solo para tranquilizar mi conciencia. Y como de la experiencia se aprende, aprendí que no voy a volver a hacerlo nunca más. Y para terminar le digo, me llevó años de terapia asumir que no soy una mujer de catálogo, tengo mi neurosis, que es mía y nadie la tiene, tengo mis excesos y mis debilidades, pero usted no me va a venir a decir a mí cual es la fórmula de la felicidad por ocho con cincuenta. No me venga a meter ese buzón que ya estoy grandecita para creer en los reyes magos.


Sin otro particular,
Saludo a Ud atentísimamente.


24/7/08

Paralelos: rock and roll del que me gusta...



Flaca: la baterista glamorosa
Fran: la bestia animal de la guitarra

Gonzalez: Guruguayo (Dandy)
Pola: As himself (y su guitarra de colores)
Drew: California Dreamer (teclas)
Palo: todo lo que el rock representa excepto la música.
Sus hits: Shalala, Autos, (mis dos preferidos), Víctimas y Papá Noel.
La foto es del último show el 17 de junio de 2008 en CBGB, Buenos Aires.

Demasiadas tentaciones en la videoesfera
miraste y escuchaste todo y nada te altera
está solucionado lo del fin de semana
narcóticos y nenas en la playa privada de estacionamiento
es lo que hay, es lo que hay...
shalala, shalala, shalala la...
el diseño por ahora es solo mental

porque sos solo un pez cerebral
nada de caricias, besos y abrazos
electroshock urbano para el fracaso
shalala, shalala, shalala la...


Escuchalos acá: http://www.myspace.com/paralelosenestadoderock

Con los pies sobre la tierra

Están en algún sitio / concertados/ desconcertados / sordos/ buscándose / buscándonos/ bloqueados por los signos y las dudas/ contemplando las verjas de las plazas/ los timbres de las puertas / las viejas azoteas/ ordenando sus sueños sus olvidos/quizá convalecientes de su muerte privada/ nadie les ha explicado con certeza/ si ya se fueron o si no/ si son pancartas o temblores/ sobrevivientes o responsos/ ven pasar árboles y pájaros e ignoran a qué sombra pertenecen/ cuando empezaron a desaparecer/ hace tres cinco siete ceremonias/ a desaparecer como sin sangre/ como sin rostro y sin motivo/vieron por la ventana de su ausencia/ lo que quedaba atrás / ese andamiaje/ de abrazos cielo y humo/ cuando empezaron a desaparecer/ como el oasis en los espejismos/ a desaparecer sin últimas palabras/ tenían en sus manos los trocitos de cosas que querían/ están en algún sitio / nube o tumba/ están en algún sitio / estoy seguroallá en el sur del alma/ es posible que hayan extraviado la brújula/ y hoy vaguen preguntando preguntando/ dónde carajo queda el buen amor porque vienen del odio.
MARIO BENDEDETTI
Hoy se llevó a cabo un juicio histórico para la Argentina. Benajmín Menendez fue sentenciado a prisión perpetua. Ahora el mundo va a ser un lugar mejor, porque él va a estar todos los días que le quedan en esa carcel común, sin poder respirar mi aire y sin el privilegio del sol. Nunca más...

22/7/08

Dos manos al bolsillo




¿Será verdad que las brujas se comen a los chicosque si me porto mal no voy a ir al cieloo los ratones me van a comer los pies?

Mirá que yo no estoy contento, que en la juntura de la sangre tengo una espinay aún hay que salir de esta ceguera romper le aire con los besos y empezar otra vez.

Dame tu manotengo una flor rotados ojos sin descanso dos manos al bolsillo yempezar otra vez.

Mirá que yo no estoy contento.

Y creo algunas cosas que habría que acostarse con un muñeco al ladoy no decir mentiras porque me puede salir una joroba.

Pero decime, si tengo el corazón doblado un poco, ¿vos me vas a querer igual?


Roberto Santoro


(Un otro que escribe con una ternura inigualable.)

20/7/08

Humor Negro

A un año de la muerte de Fontanarrosa. Inodoro Pereyra, una muestra de su talento infinito.

19/7/08

Instantáneas

Mujer Bonita en problemas

Sobre la peatonal de Diagonal Norte hay un extrator de aire. El mismo se traduce en una regilla que recorta al piso en forma de rectángulo. Por allí el aire emana con la fuerza de un volcán. Es de mañana, yo y mi falda marrón, caminamos por ahí. Ignoro la fatalidad que va a producirse cuando el aire despega la pollera de mis nalgas con tal violencia que me la levanta por completo. Me agarra desprevenida, trato de volverla a su lugar con las dos manos, en un reflejo brusco y desesperado. No obstante, ya es tarde, atrás mío vienen dos hombres de traje que ya vieron mi bombacha de corazones verdes. Se ríen, a mí la cara se me desfigura de la vergüenza, pero la situación también me provoca la risa. -Mujer bonita!, dicen. Pienso que se equivocaron de película, pero que más da...

Pálpito
En la guardia del Hospital Udaondo los olores no son una postal de lo más memorable para los sentidos. Una adolescente sale de extraerse sangre del laboratorio. Se sienta en la sala de espera e inmediatamente marca un número en su celular. Espera unos segundos a que la atiendan y dice: -Si bien mamá, ya terminé. Pero ahora necesito que escribas algo, vas a ir a lo de Mary? ¿Tenés para anotar?. Anotá estos números y jugales a la quiniela cuanto antes...
Abrazos
Son las cuatro de la tarde. En el Centro Cultural Recoleta hay dos veinteañeros que llevan una pancarta elevada hacia el cielo. Regalo abrazos, dice. La idea es tan extraña como tierna. Los menos temerosos se acercan a abrazar, otros, los que rehusan al contacto físico con desconocidos, huyen despavoridos. Yo soy de las primeras. Le aviso a mi amiga que voy a abrazar, ella es de los segundos. Abrazo al más lindo al tiempo que le pregunto cómo surgió la idea. -Un amigo canadiense. Un día andaba triste por la calle y una persona lo abrazó y fue tan importante para el que decidimos hacer ésto....-Yo también estaba triste ayer, pero hoy ya no... contesto. Espero que te haya hecho bien mi abrazo, concluye el. Son las nueve de la noche, abrazar es una accion digna de ser detestable, pienso.


Lucila y sus delirios
Lucila tiene diez años y dos amigos a los que quiere mucho. Uno se llama Pompi, el otro Pame. Lucila está internada en un hospital y le cuenta a su terapeuta la historia de sus amigos. Son una pareja de huevos. Tienen las partes de la cara pintadas con una fibra y los guarda adentro de un bolillero, de esos que se usan en la facultad para tomar exámenes. La mamá de Lucila recuerda el momento más triste de su hija. -Fue cuando usé uno de los huevos para hacerlo frito. Yo no sabía que ella se iba a poner tan triste. Lucila lloró largos días porque su mamá había acabado con su amigo. Ella no puede dormir porque escucha ruidos estruendosos de cuchillazos golpeando las paredes de su casa y se asusta. Por eso su mamá la llevó al hospital.

16/7/08

Mana


Cuando mamá te anunció que yo iba a nacer, estallaste de alegría. Dabas vueltas alrededor de la cama con tu juguete y decías: -La hermanita, la hermanita.... La ansiedad te superaba. Querías tenerme en brazos todo el tiempo, pero a mamá le daba miedo que me acunes, porque lo hacías con la torpeza propia de una nena de dos años. Prueba fehaciente es aquella foto en la que salís mirando a cámara sobre la cama, yo encima tuyo y vos en un gesto tomándome del cuello fuerte, practicamente ahorcándome, tan infinitamente feliz. En casi todas las otras yo estoy copiando tus modos. Disfrazadas de gauchitas, bailando el vals, de indiecitas, con vestidos de volados interminables y elocuentes, rosas, siempre rosas y floreados, con los pelos volados en la nieve, con baldes, palas y rastrillos en el mar. Todavía cuando te referís a mi decís: -Mi hermanita, aunque ya esté entrando en los treinta y me lleves solo dos años y medio. Tus dolores me pinchan como una astilla en la planta del pie, dejandome un vacío insolente en el estómago. Tus alegrías sobrepasan todos mis mecanismos aplastando los límites de mis llantos fáciles. Vivimos tan juntas como pudimos, separadas por las coordenadas geográficas de dos distintas ciudades. Un día anunciaste que querías ser psiquiatra. Papá y mamá gritaron que no. Gritaron tan fuerte como se les antojó pero desestimaste el consejo y seguiste a tu intuición. Ella no podía defraudarte. Fuimos lo que quisimos ser, algunos otoños con más sueños, algunas primaveras con menos. Ahora somos dos grandes mujeres que no se resisten a la búsqueda de un consuelo para sus corazones frágiles a punto de estrellarse contra el velo de una realidad dominada por el gris. Dos grandes mujeres que se empeñan en destrozar las estructuras cuando ya no sostienen, en deshacer los modelos cuando asfixian, en despojarse de los vicios cuando aprietan, luchando en contra de un viento crudo que amenaza con arrebatarles la ilusión. Somos dos mujeres que hacen nuditos con sus enfados y cuando cantan despilfarran colores estruendosos y aromas a flores silvestres por todos los lados de sus alas. Somos dos mujeres bellas de pupilas celestes saltando de cama en cama, de boca en boca, de pantalón en pantalón, riendo de perpetuas insignificancias, que tienen en común un código, que albergan la convicción de que sea al precio que sea, la meta irrenunciable es el disfrute, pugnando por ganarle un pedacito de terreno a la felicidad. Vos sos el sol, yo la luna. Cuando nos cruzamos, la vida se pone su mejor traje de fiesta. Hoy voy a dejar de ser el día por un ratito y voy a habitar la oscuridad del cielo con vos, en el cuerpo de una estrellita fugaz. El amor lo puede todo. Y yo sé que es amor, porque cuando nací ahí estabas vos...

14/7/08

Cabecita calesita


Me detuve un segundo en el gajito de una nube de este cielo
al tiempo que hilvanaba una red minuciosa con todo lo mucho que me urgía para decir
me extravié en las agujas apacibles que surcaron los fines de esa tarde de febrero
en la mezcla del mate y el cigarrillo en las lenguas de las lagartijas
en los destellos precisos de ese sol arrogante
avasallando de luminosidad nuestros sueños
y me reí por enésima vez de nuestras ocurrencias traviesas.
Y justo cuando estaba dándole forma a mi gesto de labios apretados para la fotografía de tres mujeres con los destinos cruzados de lado a lado, un enano con un gorro gigante, y barba azul colgando a sus costados, me asaltó impunemente pidiendo que le entregue todo lo que tenía, ¿que iba a darle yo más que mis palabras? lo más preciado, lo más valioso me arrebató, el unico método que conozco de hacer rodar mi corazón...
Ahora me quedé sin nada para regalar y todo ahí adentro, solo mío.
Pero no me preocupo, por suerte siempre vamos a tener ese cielo Almafuertense, y por suerte las tres sabemos que existe él, que ya se encargó de ponerle música a las más bellas...

Cabecita
llena de cristal
calesita
llena de coral...
quién diría
que ante la gente sin conciencia
te han vísto llorar...porque sí...
Cabecita
de papel maché
calesita ¿cómo girarás esta vez?
Así mi corazón te añorará...
Hueles a humo
humo de vida.
carne rosa
astro labial...
En tu ausencia
ya no hay payasos
solo inútiles...antidiamante
como siempre...
Así mi corazón te añorará,
y así mi corazón te añorará.

Luis Alberto Spinetta