9/3/08

Un hombre de palabra cruza el océano


Ahora que tengo que tomar esta decisión. Ahora que tengo que ahunar fuerzas para dejar el noventa por ciento de mi vida en esta ciudad y mudarme a un territorio ignorado, pienso que todo es relativo. Pienso en lo desgarrante que debe haber sido para mi bisabuela meter a sus niños en un barco cuando todavía no habían cumplido dieciocho años y mandarlos a la Argentina en busca de un porvenir mejor.


Lorenzo Martínez nació en un pueblo llamado “Palacio del Sil”, situado en la provincia de León, España, el 10 de febrero de 1898, dos días antes, ochenta y dos años antes de que naciera yo. Su padre, era agricultor en una modesta finca, cercana al río Sil. En esa misma parcela habían nacido su abuelo, su bisabuelo y su tartarabuelo. Su madre, ayudaba a su marido en labores y cuidaba a sus siete hijos, Lorenzo era el mayor.
Era el año 1909 y “conseguir el pan de cada día” para ellos, en sentido literal, significaba un esfuerzo que apenas me animo a imaginar. América paso a ser “la tierra prometida”, todo el imaginario se dirigió allí. Un día, Regina y Domingo embarcaron a mi abuelo Lorenzo con solo 11 años, junto a un conocido que lo acompañó en calidad de tutor.
¿Cómo habrá sido el día en que mis bisabuelos tomaron semejante desición?. ¿Cómo se expresaba el dolor en aquellos tiempos?. ¿Cuántos días pasó mi abuelo sobre el mar, navegando?¿Qué pensamientos rondaban por la cabecita de un niño que ignoraba estar alejandose para siempre de quienes lo habían traído al mundo? ¿Cuántas lagrimas derramaron mis bisabuelos al ver partir ese barco?.
Al llegar, Lorenzo se instaló en Erize, un pueblo cerca de Buenos Aires, con sus tíos. De ellos aprendió a trabajar de sol a sombra en el campo. Juntó el dinero para pagar el pasaje que le había permitido viajar y se lo mandó a sus padres. 25 años después dijo:-Quiero volver a España. Y volvió. Pero en España estaban en medio de la Guerra Civil y como él no había hecho el servicio militar, era considerado un “desertor” y lo buscaban. Según cuentan, a menudo mi abuelo adoptaba actitudes desafiantes con estos hombres, y se atrevía a estar a centímetros de ellos en bailes o lugares publicos. Lo cierto es que la alegría del reencuentro les duró poco. Mi abuelo se escondió seis meses y se cansó. –No vuelvo nunca más a este país, dijo tajante. Cruzó con documentos falsos y los quemó al llegar a Buenos Aires. Esta vez, viajó acompañado de dos de sus hermanos. Lorenzo era una persona de pocas palabras. Todo lo que prometía, lo cumplía. A los 30 años conoció a mi abuela Petrona Sanchez. Se casaron cuando ella tenía 18 años, un hermano tuvo que firmar la libreta porque ella no sabía como hacerlo. Tuvieron 12 hijos, 2 de ellos murieron apenas nacieron, de los otros 10, mi madre es la más pequeña. Cuando ella nació dijo: -Cuando Dorita tenga 20 años, puedo morirme tranquilo. Trabajó la tierra durante años. Un día apareció una mujer, argumentó que era la dueña y quiso quitárselas, el argumentó: - La tierra es de los que la trabajan. Pero ante la violenta insistencia de la mujer, mi abuelo se guardó el orgullo y juntó peso por peso para comprarle la propiedad. Cuando tuvo todo el dinero fue a verla; pero ella no quiso vendersela. Tiempo después lo desalojaron. El 19 de mayo de 1970, a los 72 años, ya tenía el pelo muy blanco y usaba bastón. Había puesto una despensa en un pueblo llamado Darregueira y tranquilamente esperó, cuando mi madre tuvo los 20, sus ojos tan celestes como el océano que un día cruzó para no volver, se cerraron para siempre.

10 comentarios:

María Gabriela Costigliolo dijo...

que belleza, se me paralizaron los sentidos leyendolo, segui la historia como mia, miré cone sos ojos, llore con esos padres dejando ir a su hijo. Un beso grande

Anónimo dijo...

Que bueno que sepas la historia de tu familia, ahora con mi mama me estoy enterando los detalles de las peripecias de mis abuelos, sin duda la realidad de muchos supera la ficcion, y si...uno se siente un chiquilin haciendo pucheros por nada...un besote.Marite

Anónimo dijo...

Valió la pena lo de don Lorenzo, fijáte que Petrona, la esposa no sabía firmar y la nieta escribe esas cosas tan hermosas y dulces...
Para tener descendencias que te recuerden así, vale la pena cualquier sacrificio.

Anónimo dijo...

Valió la pena lo de don Lorenzo, fijáte que Petrona, la esposa no sabía firmar y la nieta escribe esas cosas tan hermosas y dulces...
Para tener descendencias que te recuerden así, vale la pena cualquier sacrificio.

Anónimo dijo...

Gracias Maru por el homenaje a tu abuelo!! Te completo el relato:
1) La duración del viaje en el barco era en esa época de 40 días, desde Vigo (España) al puerto de Buenos Aires. En mi viaje a Madrid tardé 15 horas 50 minutos, desde Buenos Aires. Vaya diferencia!!!
2) El nombre con el que viajaba era Sabino Santos Mezquita y solía contar que cuando estaban jugando a las cartas en el viaje, lo llamaban para vacunarlo y él no respondía. Claro está no era su nombre.
3) Fue un inmigrante con un carácter endurecido por su historia de vida, pero capaz de mantener a su familia y brindarle todo lo que él no había tenido. Cuando llegaba al campo y mis hermanos le pedían golosinas, decía: "No traje, pero traje la bolsa llena de galletas"
4) Cuando íbamos a la escuela y le ofrecían cuadernos y lápices, se enojaba y los rechazaba diciendo; "No hace falta, yo se los compro". Vaya si tenía orgullo el abuelo Lorenzo.
Hermoso tu relato y coincido con los comentarios: Valió la pena el sacrificio... La Mummy Doris.

amaliovilla.com dijo...

Intimidado por las reglas arriba descritas, pero pisando firme, me animo a decir:

Hermoso relato, pero más hermoso pensar que son personas reales, y que son las raíces en las que se asienta la tradición familiar.

La historia de mi familia es más bien oscura, y medio que nadie quiere hacer el esfuerzo de recordar...

Bueno, espero volver a verte. Mucho gusto.

Saludos desde Tucumán.

euge dijo...

Gaby: que bueno haber logrado eso con el relato!. osculos para ti!

Marite: con la de tus padres ya tenes una historia preciosa asique imagino lo jugosa que será la de tus abuelos!

Anónimo: te parece?

Lulita: cuanto me hubiera gustado haberlo conocido! Si vos lo decis, entonces valió la pena, a mamá no se le cuestionan esas cosas.

Amalio: que sean personas reales es lo que hace más interesante la historia.
gracias por pasar!

romi dijo...

excelente este relato!!! no sólo por cómo lo escribiste, que hace q te comas las uñas de principio a fin y se piante un nudo en la garganta, sino además, porque saber que antes la gente se mandaba sin tantas vueltas a lo incierto, equilibra tu nuevo relato de las incertidumbres... a fiin de cuenta la vida es un viajeeee!!!!! aguante Lorenzo

Vanina dijo...

Recién hoy llegue a esta pagina y me encontré con esta sorpresa/homenaje para mi abuelo, y la verdad la disfrute mucho.
Hace muchos años yo escribí la historia de Lorenzo Martinez: una historia sencilla. Fue desde los ojos de una niña de 13 años a la que su papa y su mama le contaban la historia de ese senior que, como dice Euge, cruzó el océano con solo 10 años. Parecía un cuento, y para mi lo era, y lo siguió siendo, creo que a esa edad no comprendía el tremendo sacrificio que significa irse al otro lado del mundo y dejar todo. Hoy lo entiendo, lo vivo en carne viva, son otras circunstancias, pero el dolor supongo debe ser parecido. Y gracias a Dios tuve la oportunidad de viajar a España, a esa España que a pesar de todo creo que el amaba demasiado, pero lo había defraudado demasiado también. No fui a su pueblo, me hubiera encantado, pero el solo hecho de estar tan cerca del lugar donde el nació, y de escuchar historias de su vida en ese lugar, contada por gente que no lo conoció, pero crecieron escuchando sobre el, sus viajes, sus tristezas, me produjo tanta emoción. Una emoción tan profunda que no se puede explicar con palabras. Solo así pude realmente entender como mujer todo el dolor y también el amor que le dio a sus hijos, y lo puedo ver reflejado en el amor de mi
papa hacia mi y mis hermanos. Muchas gracias Euge por haberme hecho recordar con tus palabras
todos esos sentimientos.

Mariela dijo...

Hola, Maruja!
Me encantó el relato que revolucionó a toda la familia, tengo que hacer copias impresas a pedido para tía Mary y para Fely.
Muchas veces, sobre todo con mi hermano Bruno le hemos dado vueltas y vueltas a la historia que relatas, es un hito importantísimo de nuestra novela familiar por el lado materno.
A mí, lo que más me impresionó es una frase que mi mamá dice que repetía mi abuelo: "¡Cómo lloró mi madre cuando partí."
Cuando crecí, la frase siguió dando vueltas en mi cabeza con nuevos sentidos. Pensé, qué manejo que pudo hacer Lorenzo de su dolor infantil, poniendo más bien toda la carga de sufrimiento en su madre antes que en él, no?
Bueno, pequeño aporte.
Un beso y a cruzar tu oceáno!
Te quiero.
Mariela.