15/8/08

sur




Es utópico creer que antes uno llegaba a Barracas por el olor a chocolate, de la fábrica Aguila, y a galletitas, de Bagley. Que sobre la avenida Patricios funcionaba la fábrica Alpargatas. Que en el Riachuelo había una playita donde los chicos se bañaban.
Las barracas comenzaron a construirse a principios del siglo XVIII, sobre la vera del Riachuelo. Según cuenta Horacio Puccia en su libro "Barracas en la Historia y en la Tradición", en algunos planos de Buenos Aires, del siglo XVIII, una lonja de terreno ubicada entre el Parque Lezama y la parte del Riachuelo correspondiente a la Vuelta de Rocha, figuraba con la siguiente inscripción "Las barracas y tierras de doña María Burzaco". Esas barracas "eran construcciones precarias para almacenar cueros y otros productos del país que debían embarcarse en el Riachuelo, o recibir las mercaderías que llegaban del exterior". Al principio fue el barrio elegido por las familias más ricas de la Argentina, que habitaban en lujosas casonas y quintas. Las familias de apellido Balcarce, Montes de Oca, Alzaga, entre otros eran sus moradores. Pero la epidemia de la fiebre amarilla, los obligó a huir a otros lugares transformando el paisaje drásticamente. Poco a poco, se pobló de inmigrantes de todo tipo, especialmente de italianos y se convirtió en un barrio popular de gente trabajadora. Se llenó de cafetines de mala reputación. Sin embargo era un barrio próspero, con fábricas, mercados, autopista. Después de la mitad de este siglo, Barracas empieza a perder su furor; sus fábricas se cierran, se inhabilita su estación de trenes, y la construcción de la autopista hace desaparecer muchos edificios y dos plazas.
La primera vez que pisé el adoquín de Barracas no pude evitar que hicieran estragos las reminiscencias de Sur y la Nube, las películas de Pino Solanas. Las había vuelto a ver otra vez cuando hice mi tesis de grado y fue ahí cuando tuve que admitir mi extraña predilección por la nostalgia y los aderezos que devienen de ese sentimiento. Me atraía la tela bohemia con la que Solanas envolvía sus imágenes, saturada de colores lavados y la música que elegía para dotarlas de un aura especial. Mi vida, desde temprano se empecinaba en ser un tango. Cuando era chica, practicaba las maneras de los llantos en el espejo y encarnaba escenas dramáticas donde era la incomprendida. A los doce, ya me sabía toda la historia del rock nacional, compraba cassettes originales de Serú Giran y Sui Generis y entonaba a la perfección las canciones de Silvina Garré. Todas las estrofas me hablaban de mí. Tenía la costumbre de llenar cuadernos repletos de versos tristes que escribía por las noches y devoraba libros de psicología y autoayuda. La primera vez que fui al psicólogo tenía trece, me habían cambiado de colegio y los llantos se habían trasladado al terreno de lo real con una impunidad preocupante. Era una princesa que se había extraviado en el camino de vuelta hacia los juegos y su castillo se desmoronaba piedrita a piedrita, como en el epílogo de un cuento de Poldy Bird. No recuerdo que algo haya cambiado a partir de las charlas con esa terapeuta que me veía dibujar la mayor parte del tiempo, si sé que desde ahí no paré de indagarme hasta reconciliarme con mis estados nostalgiosos.
Ahora mis días son primeros planos en blanco y negro de construcciones añejas que alguna vez fueron fábricas. De una arboleda generosa en una plaza. De un cielo al descubierto. De vecinas sentadas, tomando mate en las veredas. De un barrio que está al sur. De un sur que siempre estuvo adentro de mí.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Euge: se aprende mucho leyendo este post. Qué buena descripción de Barracas! Espero conocer ese lugar en mi próximo viaje. No sabía que ensayabas los llantos frente el espejo. De chiquita ya te atraía la actuación eh! Como siempre hermoso tu relato!!!!! La Mummy

Thotila dijo...

Esta es la clase de escritos que usted publica que me inhiben de comentar. Yo no soy chupamedias, pero lo siento tan bien redactado que no podia dejar pasar la oportunidad de hacerle saber mi admiracion por usted, me ha transportado y me ha hecho ver esa zona de una manera que nunca habria podido solo. Se que cualquier acotacion que haga con respecto a la misma quedara empequeñesido, solo puedo decir que me encanto.
A la princesa le digo que la vida fuera del castillo es cruel, es cruel como son crueles los golpes de cincel del joyero sobre los minerales y nos convierten en diamantes o rubies. A usted le digo, dichosos los oidos que pudieron escuchar "Era en Abril" de sus labios.

Saludos.

Lau dijo...

Ay nena me encantó este post! Me senti muy identificada, yo tambien de pequeña era muy llorona, escribia versos tristes, y siempre pero siempre me encantó la soledad y la nostalgia....
te mando un beso grande nena!!!!!

María Gabriela Costigliolo dijo...

Como dice el tango : "..llevo al sur como un destino del corazón...vuelvo al sur con mi deseo con mi temor...te quiero sur..te quiero..." nena cada vez escribis mas lindo Un besote grande!!!!!!!!!!!!!!

J. Karmakiller dijo...

Me gustan tus descripciones y los paisajes que vas pintando.

A decir verdad, aunque no lo sea, tengo alma de gordito!.
Y me quedé con el aroma de las fabricas de chicolates o galletitas...

aun no me decido...querés?

Eugenia dijo...

Madre: cuantas cosas usted no sabe de mi, jaja. En tu proximo viaje, nos subimos al 12!!

Thotila: esa es la clase de comentarios que me inhiben la respuesta. Solo agregaré esto: me sentí por un momento Ofelia, la niña de El laberinto del fauno. -El mundo es un lugar muy cruel Ofelia y eso tendrás que aprenderlo...
Mi preferida de Garré? Diablo y alcohol, oscurísima.

Lau: bienvenida al club de los llorones, sería un buen slogan para los pañuelitos descartables elite, no? con música de fondo de Chavela Vargas cantando la llorona!

Gaby: vuelvo al sur, como se vuelve siempre al amor...
piel de pollito se me pone!
gracias linda.

karma: yo también, de gordita y de golosa.