10/6/08

El placer por la tontería II

Para aquellos que no saben. Ser clown es una tarea complicada. Muy distinta a actuar. Está visto que actuar, actuamos todo el tiempo. Ponerse la careta, pensar estrategias para tratar de ser gracioso e intentar caerle bien a la gente, es común. Tirar a la mesa un chiste, un remate que sabemos que va a funcionar. Pero el clown cuando está sobre el escenario, tiene que hacer uso de su espontaneidad, no pensar, echar a mano lo que tiene, no enroscarse, decir lo que le viene a la cabeza, jugárselas con el unico objetivo de divertir, como sea, tiene que hacerlo. Eso se llama supervivencia.
Lo cierto es que en el tiempo que llevo siendo un clown he visto a la gente llorar, enojarse, pelearse. Las represiones surgen todo el tiempo, porque por lo general, son nuestros rollos los que no nos dejan divertirnos. Condicionamientos sociales, nos llevan a pensar: ¡tengo que ser coherente!, ¿que van a pensar los demás si digo esta barbaridad?, ¡qué ridiculez estoy haciendo!.
A ver si queda claro, el clown no tiene que pensar. Tiene que divertirse y si se divierte, lo más probable es que los demás también se diviertan. No hacer como si. Hacerlo realmente. Alguien dijo una vez que cuando nos proponemos ser creativos, seguramente dejaremos de serlo. Cuando no nos condicionamos, surgen las mejores cosas.
Entre los delirantes que tengo de compañeros esta tarea de ser clown hay algunos especímenes dignos de ser mencionados y descriptos. Claro está, este blog se nutrirá de ellos.
Lucho: Cuelga de sus orejas cosas de las más exóticas, lo menos extraño son aros en forma de argollas gigantes (que en realidad son las argollitas que se usan en las carpetas de dibujo de quinto grado), un día incluso llegó a colgarse una boligoma (con poco contenido en su interior). Imaginense nomás la amplitud del diámetro del agujero de su oreja. De ahí le quedo el sobrenombre de “El chico Boligoma”. Se irrita con facilidad. Su personalidad se construye en base a ese personaje que el mismo fabricó. Sin aros, sin rastas, sin su rebeldía falsa se siente desprotegido. De ahí sus discusiones con el profesor cuando él le pide que se despoje de todo. Desnudarse no es sencillo. Otra regla a saber. Para ser clown hay que sacarse todo aquello que diga demasiado de vos. A saber, la ropa tiene que ser negra o de colores no llamativos. Ser lo más neutral posible.
El latin lover Colombiano: ¿que decir de él sin que se me haga agua la boca?, de sus brazos tonificados, duros como piedras, de su desarrollada tabla de planchar. De sus musculosas blancas sudadas. De su tez caribeña. De su acento seductor, de sus modismos exóticos. Mejor no sigo hablando. Este hombre nos hace perder a todas la cabeza de un desquicio.
La chica Mexico: si, este taller es 100% carne Latinoamericana. Esta chica de cara redonda como un queso cuartirolo es una ternura. Cada vez que dice: chidos, orale, cuate, híjole, nos despanzurramos de la risa.
Barbie, la tetona: sin duda ese es su material de trabajo, y la envidia exhacerbada de todas. Cada vez que te toca trabajar con ella vas directo a esos globos superinflados, no podes dejar de mirarselos, es que son tan pero tan grandes!.
Maiá: Es la antítesis de Barbie, no tiene de delantera un gramo de más, más bien lo tiene de menos. Sin embargo, no usa sostén y eso distrae bastante. No me caía bien, pero un día la vi llorar y me partió el corazón. Qué efectivas fueron las metodologías de la escuela con esta mujer que no puede dejar de censurarse.
Luna: al principio me daba desconfianza porque tiene nombre de perra. Si, Luna es nombre de perra, no me digan que no, igual que Dalila, o Mia. Pero a medida que pasa el tiempo estoy empezando a quererla. Es rubia y tiene un diente salido para afuera.
Florencia: es la más clownesca de todas. Tiene las piernas de la flaca escopeta y cuando está en el escenario tiembla y se agarra de los pantalones. Como siempre llega tarde, el profesor la hace salir de la sala para que invente una buena excusa que nos haga morirnos de la risa a todos. Algo así como: Godzilla se apareció en la calle Corrientes y hubo un exodo de niños o me encontré a Mick Jagger en el subte y me demoré cantandole Start me up.
Inés: tiene una cabellera salvaje, rulienta y colorada. Se ríe todo el tiempo y achina los ojitos.
Horacio: es tan desubicado que dan ganas de pegarle con la zapatilla. Quiere caer gracioso y queda como un insoportable. No hace más que tocarse el pelo engominado. Definitivamente me exaspera, es insoportable. Si te toca salir a escena con él seguramente te arruina el trabajo. Es el karma del profesor y de todos los que lo odiamos. Nunca quiere jugar.
Si me olvido de varios, es intencional, es que no hay mucho para decir de los otros, son bastante aburridos, como yo supongo.

4 comentarios:

Thotila dijo...

Que lindo es cuando la gente encuentra algo que la apasiona, cuando era chico habia un payaso (algo que dejaba bien en claro) que laburaba a la gorra en plaza Flores los fines de semana, Pildorita, era bocasucia y medio degenerado, siempre supo atraer gente y hacer reir a skinheads, pibes/as que iban o venian de bailar, villeros y putas por igual, era (o es, no se que le paso) un maestro.

María Gabriela Costigliolo dijo...

mi compañero de trabajo es Clown, enla ultima clas e avanzados me invito, es decir estaba abierta al publico, aca en el especio cirulaxia... lo que yo me diverti esa tarde no te puedo explicar!!! te felicito si haces eso por que me aprece barbaro, me quieren llevar a mi, yo creo que o podria ir,.... no se... capas noa cruzamos clowneando por ahi!!! un beso

La Lau dijo...

Che nena, esa gtente si que sabe divertirse...
Besos grandes mi amiga

el holandes herrante dijo...

Muy bueno el contenido del blog.
Me gustó mucho.
Hace varios años supe ser algo parecido a un clown (lo usaba como complemento para atraer gente a mis funciones de títeres callejeras).
Me alegra haber leído este post, y si no es mucha molestia, seguiré viniendo por estos lados.
Saludos Herrantes...