
Dejó las hojas a un costado, levantó la vista casi imperceptiblemente, la detuvo en la suya durante el tiempo que se tomó para decir la frase y se la escupió: - ¿Enferma? para mí estás cada día más linda.
Ella, le devolvío un reflejo automático producto de la vergüenza que le ocasionaban esas palabras, un movimiento veloz y decidido de todo el tronco en dirección al monitor de la pc al tiempo que balbuceaba un gracias apretado.
Lo dijo como quien retribuye un cumplido sin la menor preocupación por el efecto, sin reverencia alguna.
Acababa de presionar Ctrol Alt Supr con las pestañas pastosas de lagañas pero con la satisfacción ancha como el Rio Uruguay, al saberlo detrás de una tabla de chapadur.
La dicha esperando a ser revelada, como aguardaban los sellitos de colores de los chicles al agua a ser plasmados en sus muñecas de pequeña.
Faringitis virósica
Tenía la cara roja y los labios secos como la piel de un sapo.
-Tengo placas, le dictaminó a su hermana apenas cruzó el umbral de la habitación con el bajalenguas en la mano.
La facilidad con que alguien de su familia que había optado por esa profesión desestimaba los desequilibrios de su salud, se revelaba impasible una vez más.
Hacía cinco días que pretendía evadir el bulto y continuar con su vida como si nada, tratando al cuerpo como se trata a un carrito de supermercados, cargandolo de cosas materiales y superfluas, cubriendolo de polvo, como si fuera un medio para alcanzar satisfacciones a corto plazo sin la mínima conciencia de sus limitaciones, como si esas dos pelotas infladas por debajo de las orejas fueran meros accesorios similares a los aros.
La voz se le venía como por un tunel lejano y oscuro. Sonidos ambiguos emanados de baldes rebalsados de agua se le filtraban por las cuerdas vocales. Cada vez que quería decir bueno, claro o tenes razón todo su aparato fonador se empeñaba en decir attchhheeeeesss, al tiempo que sus brazos y ojos se unían mancomunadamente hacia el objetivo de alcanzar un pañuelito elite.
Llegó al extremo de proponerse el ahorro de saliva. Contenía grandes cantidades de ese líqudio viscoso y las almacenaba en la parte superior, pegado al paladar, proque tragarla se le presentaba más humillante que servir café todo un día completo a todos los gerentes de todas las multinacionales juntas.
Esto debe ser el infierno, y mi garganta, la del diablo. Pensaba para sí. La cabeza le daba giros cortos como los que daba la bailarina de la cajita musical que le habían regalado para sus quince.
Ibuprofeno. Necesito Ibuprrrroggenio. Y miel. Toda la miel que gulitó el osito Yogui la quiero a kilos deslizandose por mi garganta hasta convertirla en un panal de abejas. Se decía.
Cada bizcochito nueve de oro que osaba de traspasar esa frontera adquiría el caracter de ilegal o se sometía al trato despiadado de soldaditos armados de pies a cabeza a la espera para aplicarles las más tortuosas prácticas.
¿La pantalla del televisor está encendida o apagada?. ¿Qué son esas sombras chinas?. Puntitos de colores se acercan y se alejan, rayas, nubes, diagramas, espirales cruzan de un extremo al otro de la caja rectangular y fuera de ella, por todo el aire, se desparramaban.
Su cabeza expulsa los ultimos restos de criterio. El mundo no va a parar porque vos pares. Se autoconvencía.
Empezó a transpirar congojas, cansancios, querencias, libertades, insatisfacciones.
Apretó la almohada contra su pelo enmarañado. Dio vuelta su cuerpo hacia abajo. Lo maldijo. El estaba vengandose de ella con su descargo. Se estaba quitando el velo para mostrarle su superioridad.
Hoy, la que pedía permiso para bajarse del mundo, era ella.