3/1/08

Entrevista a Ana Ruiz


“Cada persona tiene una propuesta actoral diferente”

Toco el timbre de una casa que no conozco. Ella, Ana Ruiz, corre la cortina de la ventana y al verme ejecuta una mueca. Luego me explicará que esa en realidad no es su casa sino la casa de su abuela, que se encuentra allí cuidándola. La casa es grande y cálida. Ella ha preparado el sitio de la entrevista con anticipación como quien agasaja a una amiga, en una pequeña galería poblada de plantas. pero cambia abruptamente de idea al percibir un aire fresco y dice que será mejor adentro sino quiere ver empeorar su gripe. Un olor a madera vieja empapa mi nariz durante toda la charla en esa cocina tan minuciosamente ordenada. Ella tomará de su mate durante toda la entrevista y mirará solo una vez el reloj de pared que se encuentra a su izquierda. Su mirada absorta y atenta al develar confidencias, gustos y preferencias teatrales dejará traslucir un enorme caudal en el que las experiencias y los conceptos son parte de un aprendizaje que la actriz ha forjado a lo largo de muchos años de profesión.

¿Cuándo y cómo surge tu vocación por la actuación? ¿Cómo fueron tus inicios?

Yo desde chiquita actúe, me gustaba representar las canciones, usaba a mis hermanas de actrices secundarias o con mi prima jugaba a darle vida a cualquier cosa. Desde los doce años que hago teatro. Después empecé letras, pero el mismo día que me inscribí en la facultad me crucé con un conocido de teatro y terminé haciendo la carrera, y ahí ya fue más profesional, siempre tuve grupos vocacionales, fuera de lo institucional. En Córdoba empece con Mario Mensacapo, tenían como una escuelita en la que se cursaban talleres, el IEA, Instituto de Educación por el Arte. Tenías expresión corporal, actoral.... En mi época estaba el IEA, el IEC, La Luna y La Cochera del Paco Giménez. Eso lo hice antes de la facultad.

¿En cuál de los roles te sentís más a gusto, en el de actriz, en el de docente o en el de directora de teatro?

En orden de gustos, el de actriz, aunque es el que menos hago ahora.Yo arranqué actuando siempre pero después de la facu me costó un poco. Actúe mucho en El Cuenco pero entre obra y obra había un año, un año y medio y eso por ahí dilata un poquito la cosa, pero como yo hace mucho que hago teatro enseguida le agarro el ritmo, es muy importante para mí tener como una trayectoria, porque siempre te va quedando la enseñanza. Volviendo a los roles, primero el de actriz, después el de docente y por último el de directora pero también porque es en el que menos me desempeñé, el que más hago es el de docente en el nivel medio, en el universitario y en talleres.

Tenés una tendencia a actuar siempre dentro del género dramático, eso ¿es casual o te desenvolvés con mayor comodidad en el drama que en la comedia?

Cuando cursé talleres y me formé, siempre me gustó mucho el humor pero no lo hice nunca en espectáculos. Y de gustarme me gusta la expresión corporal, el movimiento, pero tampoco lo he hecho como actriz. Si en “Burda” y como directora he apelado a eso, también en “Morirás por mí”, obra en la que lo visual y corporal era muy importante, medio poético también. Después con El Cuenco y desde Mario (Mezacapo), Roberto (Videla), que quizás fueron unos de mis primeros maestros, me han marcado como actriz. Tengo mucha facilidad en todo lo que tenga que ver con el realismo, con el decir desde ahí. No significa que es lo que más me guste sino que es lo que más hice. Me gusta el absurdo, lo experimental, pero quizás no me he asociado con un grupo que también incurra en esas temáticas. En los trabajos que hice el texto el decir es bastante coherente, responde a una lógica.

¿Utilizás algún tipo de metodología o técnica de actuación o te sentís influenciada por algún dramaturgo en especial?

La creación colectiva. El trabajo que aprendí con Roberto Videla y también con mis compañeros. La dramaturgia de grupo. Tiene que ver con la improvisación más o menos experimental, de la que se extrae cierto material temático y otras veces estructural, en la que elegís ciertos roles o personajes, condiciones espacio-temporales y en base a esos referentes se construye una dramaturgia.

Si es que para vos existen, ¿cuáles son los riesgos que se corren con la puesta en práctica de esta metodología?

Que a veces hay que atenerse al proceso que implica la construcción de una dramaturgia en base a improvisaciones, hay veces que el material no te resulta a vos como director o debés tener el tiempo de dejar que ese material se procese, ya sea vos como director o vos como actor que aplica determinadas técnicas para que esa dramaturgia grupal se construya. Yo creo en el aporte colectivo donde no hay una idea, un escritor único, sino que el escritor se alimenta del material que proponen los actores. No es un escritor de escritorio, valga la redundancia. El actor no sólo propone su talento sino que propone signos. Es una tarea dificilísima como director encontrarte con el material y armar un todo, teniendo en cuenta además que los actores suelen ser muy distintos entre sí.

Teniendo en cuenta que la voz y el cuerpo para un actor constituyen su herramienta de trabajo y de expresión. ¿Que tipo de pautas de cuidado utilizás?

Ese trabajo es bastante solitario, ha sido en grupo en otros momentos. Por un lado el entrenamiento actoral, que es en mi casa, más con el cuerpo que con la voz. Inclusive a veces practico cosas que quiero probar con mis alumnos (suelta una carcajada). En general es con música y aplico cuestiones espaciales, de cualidad, de movimiento, de fuerza. Me gusta mucho escuchar música porque te propone cuestiones actorales también. Eso lo hago desde chica, poner en funcionamiento el cuerpo y por otro lado está lo que tiene que ver con el estado físico, para eso trato de ir al gimnasio dos o tres veces por semana.

¿Crees que existen condiciones imprescindibles para ser buen actor de teatro?

Sí creo en la disciplina, una conducta mínima es necesaria para poder capitalizar tu propuesta corporal, porque cada persona tiene una propuesta corporal y actoral diferente, si es que sabe trabajarla o se encuentra con un director o maestro que sepa evidenciarla. Me parece que Paco Giménez como docente sabe capitalizar actoralmente aquello que es particular en la personalidad del actor, no en la técnica que muchas veces te lava la conducta, en cambio Paco lo que hace es un trabajo inverso: potencializar tus características humanas para que sean teatrales. Ver tus gestos, tus tonos vocales, en una situación de representación, eso más otras cualidades enriquecidas que son las de los otros. Un actor tiene que tratar de estar despierto sino pasa a ser el actor que quiere que lo dirijan y nada más. El ideal mío ser consciente de lo que pretendés decir, es más ético inclusive, porque hacer teatro es montar un discurso visual, actoral, espacial...

¿Cómo es el momento previo antes de salir a escena?

(Suelta una carcajada) Yo me pongo muy nerviosa. Trato de hacer algunos ejercicios con la respiración, el hacer ciertos recorridos por el espacio. Sucede que en las primeras funciones yo puedo ser muy estricta con eso pero cuando ya estoy muy familiarizada con la obra, hay ciertas cosas que las voy dejando de lado. Pero lo ideal es hacerlo. Tambien se puede practicar una partecita del texto con tus compañeros. Si hay alguna escena en la que hay que apelar a alguna emoción trato de repasar no sólo el texto sino un recorrido imaginario por las pulsiones que tiene ese momento para poder volver sobre eso. Con respecto al “mierda”, a mi en realidad no me gusta, vuelve medio colegial el asunto, adolescente, ¡me matan mis compañeros si me escuchan!, me dicen: -¡qué mala onda que sos!. Y sí hay cávalas pero según la obra. Antes de El Tamaño del miedo Lucía dice con una linternita: -a gozar mi amor!, pero son tonterías que las hiciste el primer día y por cávala después las repetís. Nos ponemos las cuatro de la mano en una posición y después eso se respeta en todas las funciones.

¿Qué es lo que más te atrapa de esa obra?

A mí lo que más me gusta de la obra es que plantea la importancia de los vínculos, de cómo los vínculos humanos te determinan, te marcan. En la obra los personajes y lo que hacen son importantes por la relación que tienen, han tenido y van a tener. Son tres generaciones distintas en las que la presencia del hombre es también una consecuencia, una causa y una solución. La obra tiene un tono trágico, de hecho termina casi como una tragedia. Me gusta el estilo que tenemos para actuar, desde lo cotidiano, lo actoral, los perfiles de los personajes. Me parece que es un trabajo fino, difícil, que no se hace mucho y esta bueno estar en un grupo en el que se puede hacer y bien.

¿Cómo fue el proceso de surgimiento y desarrollo de la obra?

Rodrigo (Cuesta, el director) nos daba, esto que te digo de las improvisaciones ¿no?, ciertos parámetros, condiciones dadas, que nosotros trabajábamos juntos. Así empezaron a surgir los roles. Había unas ideas básicas de Rodrigo, la casa en el campo, las relaciones madre-hija y nosotras desarrollamos a partir de eso. Ademas él tiene una manera de construir el relato cinematográfico muy particular y propia, la historia va y viene, empieza por el final, los cuadros se descomponen y se repiten pero con variaciones y el efecto cinematográfico se da por el estilo de actuación muy realista, naturalista. Eso y las apariciones dentro de lo real de momentos un tanto ambiguos, indefinidos, así sea parece un sueño, parece un pensamiento, parece algo que podría haber ocurrido pero no ocurre, podría haber explotado pero no explota y se repite.

La obra lleva ya muchas temporadas en escena. ¿Cómo manejas el tema de la repetición?

Me resulta difícil responderte, ¡lo tengo tan incorporado! es entrar en situación, no es mecánico porque en determinado momento hay una pulsión corporal aprendida, en tal momento respondés a tal estímulo, una vibración y es concreto. Para mí actuar es muy divertido. Es estar en un momento de mucha adrenalina, de mucho nervio en el que la tensión tiene que estar puesta ahí, en todos, no sólo en vos. Entonces hay que equilibrar esas tensiones. Lograr ciertos instantes. Todo eso implica un juego tan llamativo para mí que no me aburre, es más, es un desafío sostener cuestiones que ya las sabes, que ya las aprendiste, ya las dijiste. ¡Es como bailar!

Tu personaje es uno de los que más trabaja el recurso de la emoción, más específicamente el llanto ¿cómo es el trabajo que realizás para llegar a la emoción?

Es difícil, no siempre logro lo mismo. Yo lo que hago es imaginar frase por frase lo que se está diciendo. En esa parte donde yo digo: -Eras tan chiquita!, no estoy pensando en imágenes. El tono de voz en el que se dice es muy probable que a mí me haga emocionar porque hay ciertas colocaciones de la voz que a uno lo emocionan. A esa parte en particular hay que darle tiempo, sino es muy probable que no llegue a la emoción, respirar, establecer el contacto con Belén, a quien va dirigido ese texto. Es el tiempo del decir con modulaciones de la voz. También hay funciones en las que el llanto me llega despues, mas tarde, de golpe y cuando viene la emoción paf! te golpea y las lágrimas vienen como una catarata. Pero también lo busco desde la respiración, desde el pecho, buscar agua en la boca, hacer esas pausas que son tan importantes y a la vez de hablar más fuerte. Que exista esa conexión familiar entre Belén y yo es muy importante, ahí sí puede haber evocación, pero no de algo externo, sí como rol de situarse en la escena, eso es bien realista, bien psicologista...

¿Cuál es tu visión acerca del teatro independiente que se está produciendo en Córdoba?

Me parece que se está haciendo muy buen teatro, que las salas ofrecen lugares importantes de experimentación, que se está trabajando para que las dramaturgias sean autóctonas, menos influenciadas por Buenos Aires. Igualmente me parece que nunca se terminaron de impregnar del todo tampoco, es muy fuerte la formación cordobesa de creación colectiva, su modo particular de proceso y de producto. Creo que hay directores muy interesantes que también son pedagogos. Es muy positivo que todas las salas sean formadoras. Entonces, se están llenando más los teatros, se están logrando hacer otras actividades y hay buen diálogo entre las salas, discusión.... Con respecto a lo económico, considero que la provincia, la municipalidad y el gobierno nacional aportan, pero podrían aportar mucho más, hay que estar siempre en mesas de trabajo, presentar proyectos. Es pobre, precario el lugar que se le da a la cultura, hasta incluso vergonzoso, que el trabajo de los artistas sea tan mal pagado, tarde y poco.

¿Qué significa para vos el reconocimiento de la obra por parte de la Agencia Córdoba Cultura?

Estoy muy orgullosa y pienso que es un reconocimiento muy merecido. Realmente lo digo. Rodrigo viene trabajando hace mucho muy seriamente como director, él y el grupo ser merecían un reconocimiento. Por ahí puede que nos hayamos equivocado en cuestiones estéticas, algunas cositas, pero me parece que el grupo tiene una trayectoria. Creo que es un momento -inclusive- de festejo por los diez años de El Cuenco, en el que no me extraña que nos haya ido bien y no lo digo con soberbia. Hemos logrado sintetizar años de esfuerzo. Es un buen trabajo llevado en buen camino y en buenahora se ha reconocido. Como producto artístico es un material interesante para discutir, dejarse emocionar y poner en conflicto.

1 comentario:

Pablo Giordano dijo...

che, graciuas por el link.